Claves para saber por qué salen las aftas y cómo aliviarlas

Claves para saber por qué salen las aftas y cómo aliviarlas

Seguro que alguna vez has sentido ese picor molesto en el interior de la mejilla o en la lengua que, unas horas después, se convierte en una pequeña herida dolorosa que te impide comer con normalidad. Estamos hablando de las aftas, una de las afecciones bucales más comunes que existen. Aunque suelen ser benignas, su capacidad para amargarnos el día a día es indiscutible.

En este artículo vamos a desgranar todo lo que necesitas saber sobre ellas: por qué aparecen, cómo distinguirlas de otras lesiones y, lo más importante, cómo acelerar su curación para recuperar tu bienestar.

Guía completa sobre las aftas: Causas, tratamiento y prevención

¿Qué son exactamente las aftas bucales?

Las aftas bucales (también conocidas comúnmente como llagas) son pequeñas úlceras superficiales que aparecen en los tejidos blandos de la boca. Visualmente son fáciles de identificar: suelen tener una forma redondeada u ovalada, con un centro de color blanco o amarillento y rodeadas por un halo rojo intenso inflamado.

A diferencia de otras lesiones, las aftas suelen avisar antes de salir. En los días previos es posible que notes una sensación de ardor, picor u hormigueo en la zona donde posteriormente brotará la úlcera.

Diferencia clave: Aftas vs. Herpes

Es el error más común entre los pacientes. Muchas personas confunden las aftas con el herpes labial, pero son patologías muy diferentes:

  • Ubicación: El herpes suele salir fuera de la boca (labios, comisuras o bajo la nariz). Las aftas siempre aparecen dentro (mucosa de las mejillas, lengua, paladar blando o base de las encías).
  • Contagio: El herpes es un virus y es altamente contagioso. Las aftas NO son contagiosas; no puedes transmitirlas a nadie por dar un beso o compartir un vaso.
  • Forma: El herpes empieza como ampollas llenas de líquido. Las llagas son úlceras (heridas abiertas) desde el principio.

Tipos de aftas: No todas son iguales

Aunque parezcan todas lo mismo, clínicamente distinguimos tres tipos según su tamaño y severidad:

  1. Aftas menores: Son las más frecuentes (80% de los casos). Son pequeñas (menos de 1 cm), curan sin dejar cicatriz en una semana y causan un dolor moderado.
  2. Aftas mayores: Son más grandes (más de 1 cm) y profundas. Son muy dolorosas, pueden tardar semanas en curar y a veces dejan cicatriz.
  3. Aftas herpetiformes: No tienen nada que ver con el herpes, pero se llaman así porque aparecen como un racimo de muchas úlceras pequeñitas que pueden unirse formando una gran zona ulcerada.

Causas principales: ¿Por qué aparecen las aftas?

La ciencia médica aún no ha determinado una causa única y concreta («idiopática»), pero sí sabemos que su aparición es multifactorial. Hay personas con una clara predisposición genética a sufrir brotes recurrentes de aftas, pero existen factores desencadenantes claros:

1. Traumatismos mecánicos

Es la causa más habitual. Un mordisco accidental al comer, el roce de una ortodoncia (brackets) mal ajustada, o un cepillado demasiado agresivo que daña la encía pueden desencadenar la lesión.

2. El factor inmunológico y el estrés

El estrés es el gran enemigo de tu boca. La tensión emocional debilita el sistema inmune. Cuando tus defensas bajan, tu cuerpo es menos eficiente reparando los tejidos, facilitando la aparición de aftas ante cualquier micro-agresión.

3. Deficiencias nutricionales

Somos lo que comemos. Se ha demostrado una relación directa entre la falta de Hierro, Ácido Fólico (Vitamina B9), Vitamina B12 o Zinc y la aparición de llagas recurrentes. Una analítica puede ser clave para descartar esto.

4. Cambios hormonales

Muchas mujeres notan que las aftas aparecen en momentos concretos de su ciclo menstrual. Los cambios en la progesterona pueden afectar a la vascularización de la mucosa oral.

5. Alergias y enfermedades sistémicas

En algunos casos, las llagas recurrentes son un síntoma de algo más. Pueden estar relacionadas con sensibilidades alimentarias (gluten, lácteos, frutas ácidas) o enfermedades digestivas como la Enfermedad de Crohn o la Celiaquía, tal y como indican estudios de asociaciones de pacientes digestivos.

Cómo tratar las aftas y aliviar el dolor

La mayoría de ellas son benignas y se curan solas en un plazo de 7 a 10 días. Sin embargo, ese tiempo puede hacerse eterno debido al dolor al comer o hablar. ¿Qué podemos hacer?

Tratamientos de farmacia

Lo más efectivo son los geles o sprays de ácido hialurónico específicos para la boca. Estos crean una película protectora sobre la úlcera que aísla la herida de la comida y la saliva, aliviando el dolor al instante y acelerando la cicatrización. También existen colutorios con clorhexidina (sin alcohol) para evitar que la herida se sobreinfecte.

Remedios caseros: Lo que SÍ y lo que NO

  • SÍ: Frío local. Puedes aplicar un cubito de hielo (envuelto en un paño, nunca directo) o comer helados. El frío adormece la zona y baja la inflamación.
  • SÍ: Enjuagues de agua con sal. Ayudan a limpiar, pero pueden escocer.
  • NO: Aplicar sal o bicarbonato directamente. Es un mito peligroso. Poner sal sobre la herida viva provoca un dolor inmenso y quema los bordes de la úlcera (necrosis), haciendo que tarde más en curar.
  • NO: Limón o vinagre. Los ácidos son el enemigo de las aftas.

¿Se pueden prevenir las aftas?

Si eres propenso a sufrirlas, existen algunos trucos para reducir su frecuencia, aunque no siempre se pueden evitar al 100%:

  • Higiene suave: Usa un cepillo de cerdas suaves para no agredir la encía. Utiliza pastas dentales libres de «lauril sulfato de sodio» (un agente espumante que a veces irrita la mucosa de personas sensibles).
  • Dieta equilibrada: Asegura tu ingesta de Omega 3 (pescado azul, nueces) y vitaminas del grupo B. Evita alimentos muy picantes, muy calientes o con aristas cortantes (como patatas fritas de bolsa o corteza de pan duro) cuando notes sensibilidad.
  • Gestión del estrés: El deporte y el descanso son fundamentales para mantener tu sistema inmune alerta y evitar las aftas por bajada de defensas.

Mitos y verdades sobre las aftas

Para terminar, vamos a desmontar algunas creencias populares que pueden llevar a confusión:

«Si tienes aftas, falta vitamina».

Verdad a medias. Tomar suplementos vitamínicos solo es eficiente si las llagas aparecen como consecuencia real de una analítica deficiente. Si tus niveles están bien, tomar más vitaminas no evitará que salgan.

«Las aftas son por el estómago sucio».

Mito. Aunque algunas enfermedades digestivas (como hemos dicho, Crohn o celiaquía) pueden manifestarse con llagas, tener un afta puntual no significa que tengas problemas estomacales.

«No te automediques con antibióticos».

Verdad absoluta. Las aftas no son una infección bacteriana (salvo que se sobreinfecten después), por lo que tomar amoxicilina no sirve de nada y es contraproducente. Como recomienda la Sociedad Española de Periodoncia (SEPA), consulta siempre al dentista si la lesión dura más de 2 semanas.

En resumen: las aftas son molestas pero inofensivas en la mayoría de casos. Paciencia, higiene y geles protectores son tus mejores aliados. Si notas que te salen muy a menudo (más de 3 veces al año) o que no curan, ven a vernos a Centro de Calidad Dental para descartar otras patologías.

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